Con el desafío de resolver problemas y poner a prueba sus capacidades, cerca de dos mil jóvenes participaron en una nueva jornada de la 38ª versión de la Olimpiada Nacional de Matemática, cuya sede en la Región Metropolitana Poniente estuvo a cargo de la Universidad de Santiago.
La actividad reunió a estudiantes, familias, profesores y académicos en torno a una disciplina que, más allá de fórmulas y procedimientos, constituye una forma de pensar, razonar y enfrentar problemas. En ese sentido, la jornada fue también una oportunidad para relevar valores como la perseverancia, la humildad, el trabajo constante y la capacidad de aprender de los errores.
Durante la ceremonia, el director del Departamento de Matemática y Ciencia de la Computación, el Dr. Patricio Cerda dio la bienvenida a las y los participantes y destacó especialmente el acompañamiento que existe detrás de cada estudiante que llega a una instancia como esta. Su discurso puso en valor el trabajo de las familias y profesores, recordando que la participación en la Olimpiada comienza mucho antes de llegar a la universidad: con una pregunta que despierta curiosidad, un problema que no se resuelve a la primera, un docente que reconoce una capacidad o una familia que decide apoyar ese interés.
El director del DMCC también enfatizó que la matemática es mucho más que un conjunto de contenidos. “Es una manera de pensar”, señaló, destacando que esta disciplina permite aprender a observar, formular preguntas, distinguir una intuición de un argumento y, especialmente, perseverar cuando la respuesta no aparece de inmediato.
Desde esta perspectiva, planteó que la Olimpiada no debe entenderse únicamente como una competencia. Si bien existen resultados, reconocimientos y nuevas etapas para quienes avanzan, el valor profundo de la experiencia está en aceptar voluntariamente el desafío de enfrentarse a algo desconocido. Incluso un problema que no logra resolverse puede dejar una idea, una pregunta o el deseo de continuar aprendiendo.
Una comunidad que se construye con esfuerzo
La decana de la Facultad de Ciencia de la Usach, Dra. Galina García, también destacó el sentido formativo de la instancia. En su intervención, valoró que las y los estudiantes pudieran enfrentarse al desafío matemático desde la constancia y la paciencia, reconociendo que equivocarse es parte del camino hacia una solución.
La decana agradeció particularmente al académico Andrés Navas, responsable de la sede Región Metropolitana Poniente de la Olimpiada Nacional de Matemática y miembro de su Comité Académico, por su compromiso con el desarrollo de esta iniciativa a nivel nacional, así como al equipo que hizo posible la jornada.
García subrayó además la importancia de generar espacios que desafíen y motiven a las nuevas generaciones, y que permitan comprender las matemáticas también como un espacio de encuentro y comunidad.
Humildad, perseverancia y pasión por aprender
Uno de los mensajes centrales de la jornada estuvo a cargo del académico Andrés Navas, quien puso el foco en las actitudes que permiten avanzar en el aprendizaje de las matemáticas y enfrentar los desafíos que plantea esta disciplina.
Navas destacó la importancia de la humildad, el trabajo constante, la perseverancia y la pasión con que niños, niñas y jóvenes se aproximan a las matemáticas. Más que asociar el éxito exclusivamente con el talento o con la capacidad de resolver rápidamente un problema, relevó el valor de estar dispuesto a aprender, equivocarse, volver a intentar y reconocer que el conocimiento se construye a través del esfuerzo sostenido.
En ese contexto, realizó también un llamado a las madres, padres y familias a acompañar a sus hijos e hijas en el desarrollo de la humildad y en el manejo del ego. El desafío, explicó, no consiste solamente en celebrar los aciertos, sino también en enseñar que las dificultades aparecerán inevitablemente y que enfrentarlas forma parte del proceso.
El mensaje apunta a una idea especialmente significativa en una competencia como la Olimpiada: no rendirse cuando una respuesta no aparece. La frustración frente a un problema difícil no debe interpretarse como una falta de capacidad, sino como una oportunidad para seguir pensando, aprender y desarrollar nuevas herramientas.
Este enfoque coincide con la invitación formulada durante la ceremonia a las familias, a quienes se reconoció por el acompañamiento cotidiano que hace posible que sus hijos e hijas lleguen hasta estas instancias. Entre esos gestos están organizar tiempos, acompañar traslados, escuchar las frustraciones, celebrar los avances y animar a continuar.
La 38ª Olimpiada Nacional de Matemática dejó así un mensaje que trasciende los resultados de una prueba. Se trata de una experiencia que busca cultivar una relación más profunda con el conocimiento: aprender a detenerse, razonar, hacerse preguntas y volver a intentar.
Para la Universidad de Santiago de Chile, ser parte de esta iniciativa significa también abrir sus puertas a una comunidad que se construye desde las escuelas, las familias y los espacios universitarios. Como señaló el Dr. Patricio Cerda, Chile necesita jóvenes capaces de razonar con rigor, crear soluciones y colaborar con otros, pero también familias que valoren el conocimiento y docentes capaces de despertar vocaciones.
En esa tarea, la Olimpiada se convierte en mucho más que una instancia competitiva: es un espacio donde el talento puede encontrarse con la disciplina, donde el error puede transformarse en aprendizaje y donde la pasión por las matemáticas puede convertirse en una motivación para seguir explorando.
Porque, finalmente, resolver un problema puede ser un logro. Pero aprender a perseverar cuando todavía no se encuentra la solución es una de las herramientas que permanecerá mucho después de terminada la Olimpiada.