La matemática no solo se aprende con fórmulas y ejercicios, sino también desde las emociones. Bajo esa premisa, la académica e investigadora Claudia Vargas Díaz será una de las expositoras del Congreso Futuro 2026, instancia en la que abordará el impacto de la ansiedad, la autoeficacia y las emociones en el aprendizaje matemático. Su presentación se realizará el viernes 16 de enero, en el marco del principal evento de divulgación científica de Latinoamérica.
La participación de Vargas en Congreso Futuro representa un hito relevante dentro de su trayectoria académica y de investigación. El evento, que este año cumple 15 años, es gratuito y abierto a la comunidad, y es organizado por la Fundación Encuentros del Futuro junto a la Comisión Desafíos del Futuro del Senado, la Cámara de Diputadas y Diputados, el Ministerio de Ciencia, la Academia Chilena de Ciencias y diversas universidades del país.
“Que me inviten a un espacio como este significa que el trabajo que he venido desarrollando se está viendo y valorando más allá de mi propio entorno”, señala la académica, quien manifiesta que este reconocimiento externo tiene un peso especial en un contexto donde, particularmente para las mujeres científicas, los obstáculos suelen ser mayores que los apoyos.
Del miedo a la matemática a la autoeficacia
El eje central de su exposición estará puesto en las emociones asociadas al aprendizaje de la matemática, un campo que Vargas comenzó a explorar tras su doctorado y que hoy constituye una línea clave de su investigación. Ansiedad matemática, miedo al error y baja confianza en las propias capacidades son fenómenos ampliamente documentados por la literatura científica y que, según explica, tienen consecuencias directas en el rendimiento académico.
“Está demostrado que a menor autoeficacia matemática, mayor ansiedad y, en consecuencia, menores logros en la asignatura”, afirma. Este fenómeno, agrega, afecta de manera transversal y se cruza con variables como el contexto socioeconómico, profundizando brechas educativas ya existentes.
En ese sentido, Vargas enfatiza la necesidad de trabajar con el profesorado de matemáticas, ya que muchos docentes no logran identificar las señales emocionales de sus estudiantes en el aula. “Los profesores de matemática suelen estar más concentrados en la pizarra que en las caras de los alumnos, y ahí se pierden emociones clave”, explica, citando incluso los principios del matemático George Pólya, quien destacaba la importancia de observar a los estudiantes durante el proceso de aprendizaje .
Otro de los aspectos que Vargas abordará en Congreso Futuro es la presión asociada al rendimiento, las notas y la competencia, especialmente en un sistema educativo que tiende a premiar solo a quienes destacan. “La idea de competir para ser el mejor hace que quienes no alcanzan ese estándar piensen que simplemente no sirven para la matemática”, advierte.
Esta percepción impacta con especial fuerza en niñas y jóvenes, reforzando estereotipos de género y limitando su participación en áreas tradicionalmente masculinizadas. “En los departamentos de matemática seguimos siendo muy pocas mujeres, y eso no es casualidad”, señala .
Emociones, pensamiento crítico e inteligencia artificial
La exposición de Claudia Vargas también dialogará con los desafíos actuales que plantea la inteligencia artificial en educación. Si bien reconoce su potencial, advierte sobre el riesgo de un uso acrítico, especialmente en matemáticas, donde las herramientas basadas en IA pueden entregar respuestas rápidas, pero no siempre correctas.
“Las emociones positivas que genera una respuesta inmediata pueden ser efímeras. Lo importante es el proceso de resolver un problema, descubrir la solución y la satisfacción que eso produce”, explica, subrayando la necesidad de fortalecer el pensamiento crítico en estudiantes y docentes frente a estas tecnologías .
Finalmente y cómo resumiría su participación en Congreso Futuro, la académica no duda: “Justicia divina”. Una definición que refleja no solo un reconocimiento profesional, sino también la convicción de que hablar de emociones, educación y matemática es hoy más necesario que nunca.